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Humala según Rafo León

"Ese deseo de que al presidente de mi país le vaya bien, es algo que en 62 años de vida, nunca he sentido", destaca el periodista

Publicado: 2013-06-04

El periodista Rafo León relata su visión sobre el actual gobierno de Ollanta Humala en una reflexión publicada en el muro de su Facebook:


Anoche estuve en una de esas cosas que hoy llaman "evento", y tuve la oportunidad de observar de cerca al presidente Ollanta Humala. Pero bien de cerca, porque éramos varias las personas que debíamos estar subidas en el estrado, y entre ellas estaba yo. Y el Presidente, más el Premier y el Ministro de Industria y Turismo.

No fue la primera vez que me saludaba con Humala la de la anoche, pero sí la más prolongada (habrá durado dos minutos). En dos minutos, un ojo entrenado puede darse cuenta de muchas cosas, y yo -más por viejo que por diablo- creo tener ojo entrenado. Y me di cuenta de algunas cosas.

Ollanta Humala no es, ni mucho menos, una mala persona. El estar desconcertado por haber llegado adonde está sin saber muy bien qué fue lo que pasó, no indica en él un gramo de pendejada o de astucia política en el sentido en que, por ejemplo, le sobra al tiranosaurio barrigudo de García. 

Lo mismo que de Ollanta podría decirse de Toledo, que de liderar una marcha que le salió de la manga, terminó en el sillón de Palacio de Gobierno. pero -mi intuición me lo dice- entre el Cholo y Humala hay un abismo. Toledo está hecho, como si de un Frankestein de juguete se tratara, de varias piezas, venidas de diferentes máquinas, piezas que no encajan, que se rechazan unas a otras. 

Por eso Toledo da la sensación de ser algo cuya denominación exacta solo se encuentra en inglés: un fake. Con Fujimori, en términos de personalidad, ni Humala ni nadie tiene la menor semejanza. Fujimori es un pobre diablo que llevado por su mezquindad y su ambición envidiosa y marginal, se agarró de Montesinos, de una manera que fue casi una parafilia. Ese hombrecito es harina (o coca) de otro costal.

Humala parece estar hecho de una sola pieza, tiene la rigidez del militar pero también los buenos modales de éste. Sonríe y uno se la cree. Sus movimientos corporales no contradicen -como en el caso de Toeldo- lo que manifiestan sus palabras, ni sirven para magnificar una retórica de opereta, oh Alan García Pérez. Fujimori en público es también simple pero detrás de su simpleza siempre estaba el aguijón de la traición, de la transgresión a lo institucional, de la chinochetada. A Humala lo puedes escuchar sabiendo que lo que dice es lo que quiere decir. Es una extraña sensación la que te da eso, con los antecedentes que tenemos en cuanto a presidentes de la República se trata.

No estoy haciendo acá una apología política de Ollanta Humala, simplemente señalo lo justo. Es un hombre diferente a los hombres que nos han gobernado desde la Constituyente hasta ahora. Tampoco estoy evaluando su gestión, si lo hiciera, empezaría demoliendo las barbaridades de medidas que recientemente ha tomado para aligerar la inversión extranjera y que son peligrosísimas para la conservación y protección de nuestros recursos naturales y culturales. Pero Humala te da la impresión de que, por debibilidad o por sentido común o porque sabe escuchar, es un presidente capaz de regresar sobre una mala medida. Ya lo ha hecho (Repsol, por ejemplo), y nunca sabremos por qué retrocedió, pero lo hizo y el asunto quedó bastante bien arreglado.

Espero no ser mal interpretado por lo que escribo en este post (no me importaría demasiado tampoco, ya estoy viejo para sensibilizarme ante opiniones ajenas). Insisto que acá no estoy evaluando al presidente de la República sino transmitiendo mis impresiones luego de compartir dos minutos de escenario con él, y de intercambiar un apretón de manos, que por demás fue firme y fuerte. 

Lo único que quiero decir es que a pesar de los errores que viene cometiendo, y también sumando sus aciertos, yo deseo que a Humala le vaya bien. No soy ni mucho menos próximo al Nacionalismo y hay cosas en Ollanta y en su entorno que no están claras, Villafuerte es para mí la menos prístina de todas, y que me hace sospechar de lo peor. O la saltada a la garrocha que tarde o temprano va a querer dar el gobierno para que Nadine postule en el 2016, algo que actualmente no está dentro de lo legal, aunque ella sea una excelente candidata.

Pero ese deseo de que al presidente de mi país le vaya bien, es algo que en 62 años de vida, nunca he sentido. Cuando salieron elegidos García (las dos veces), Fujimori y Toledo, de solo verlos por televisión mi instinto natural me llevada a anhelar profundamente que la realidad los desmintiera lo más rápido posible, para que nos diéramos cuenta de que estábamos cambiando mocos por babas, o babas por mocos. Pues lo digo de nuevo, no son mis sentimientos para con Humala y su gobierno, para nada. ¿O es sospechoso de algo que alguien desee que a su país le vaya bien? Advierto que en mi caso, también puede ser cansancio, y también puede ser que antes que preocuparme por quién y cómo gobierna el Perú, prefiero jugar a la chapada con mis nietos.

Por Rafo Leon


Escrito por

La mula

Este es el equipo de la redacción mulera.


Publicado en

Actualidad ambiental

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